Factibilidad de una vacuna contra COVID-19, ¿Mito o realidad?

vacuna coronavirus

Dra. Ana Luisa Mendizábal Méndez.

Si bien esta es la primera vez durante el presente milenio y probablemente en la historia moderna que un coronavirus es el causante de una pandemia (la pandemia de 1918-1919 conocida como “gripe-española” fue provocada por el virus de la influenza), nos hemos enfrentado previamente a dos epidemias ocasionadas por otros virus de la misma familia: la ocurrida en China y otros 26 países en los años 2003-2004, causada por el coronavirus SARS-CoV y el brote de Síndrome Respiratorio del Oriente Medio o MERS que ha afectado a 27 países de la península árabe desde 2012 hasta el presente año, aunque con un menor número de casos (2519) pero con mortalidad de aproximadamente 35 %.

Existen múltiples similitudes entre los virus SARS-CoV,  MERS-CoV y el SARS-CoV-2, responsable del COVID-19, desde su estructura, huéspedes primarios, forma de transmisión, periodo de incubación y cuadro clínico, entre otras, pero la más preocupante es que para ninguno de estos virus existe una vacuna en el mercado, disponible para la población.

En el caso del SARS-CoV, a pesar de que el último caso se registró en el año 2004, ocho años después, en el 2012, el Centro para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) lo catalogó como “agente selecto”. Un agente selecto es una bacteria, virus o toxina que tiene el potencial de representar una amenaza seria para la salud y la seguridad públicas.

A pesar de lo anterior y de que se registraron 33 prospectos de vacunas para el SARS-CoV, de las cuales solo 2 llegaron a la fase I, es decir, se probaron en pequeños grupos de adultos, ninguna fue lanzada al mercado. La principal razón fue que mientras aún se estaban desarrollando las vacunas, se dejaron de presentar casos, por lo que lanzar al mercado una vacuna para una enfermedad que “ya no existía” no era económicamente viable.

La siguiente pregunta sería: si se han presentado casos de MERS hasta principios de este año, con una mortalidad tan elevada, ¿por qué no hay una vacuna contra este? Apenas en septiembre de 2019 la revista Lancet publicó los resultados del primer ensayo en fase I de una vacuna contra el MERS desarrollada por dos laboratorios y el Instituto de Investigación Walter Reed de la Armada de los Estados Unidos llamada GLS-5300.

En el estudio 85% de los participantes presentaron inmunidad contra el virus hasta un año después y 97% sufrieron reacciones adversas leves como dolor de cabeza, malestar general, fatiga y dolor en el sitio de la inyección, las cuales son bastante comunes en muchas vacunas que se utilizan hoy en día; sin embargo, la segunda fase del estudio será completada hasta noviembre de este año.

Es necesario tomar en consideración que debido a la extensión y gravedad de la pandemia ocasionada por el SARS-CoV-2, aunada a una atención mediática sin precedentes, existe  gran presión hacia los gobiernos y las farmacéuticas para crear una vacuna contra un virus del cual se sabe relativamente poco, hay un historial limitado y hasta el momento sin evidencia científica contundente para el desarrollo de vacunas contra otros virus de la misma familia y además, aunque suene drástico y constituya un dilema ético, no se conoce el costo-beneficio o el retorno de inversión del costo de investigación que esto implica.

El virólogo Chris Smith de la Universidad de Cambridge junto con otros profesionales en la materia, advierten que las vacunas presentan su mayor beneficio cuando se aplican como prevención contra una enfermedad de la que se espera un brote y no durante el pico infeccioso de un microorganismo no conocido.

Además de los costos de millones de dólares en investigación, podría caber la posibilidad de que al momento de estar lista la vacuna, esta ya no fuera necesaria, o fuera inadecuada para tratar brotes subsecuentes.

En la pandemia de 1918-1919 se presentaron 3 brotes, el segundo de ellos fue el de mayor mortalidad y en total fallecieron aproximadamente 50 millones de personas, mientras que la gripe asiática que presentó múltiples brotes entre 1957 y 1959 cobró aproximadamente 1.1 millones de vidas.

Debido a lo anterior, las autoridades de salud siguen tomando las medidas preventivas como el instrumento primordial para el control de las epidemias y las pandemias, mantener la sana distancia, el aislamiento social, lavarse las manos correcta y frecuentemente, entre otras medidas, son de vital importancia para el control del presente brote de COVID-19 y la prevención o limitación de brotes subsecuentes.

Por supuesto que es deseable que a la brevedad se encuentre una vacuna o tratamiento eficaces contra el SARS-CoV-2, pero debemos ser conscientes de que este puede ser un proceso largo y que, por el momento, el control de la pandemia, el surgimiento de nuevos brotes y sus consecuencias, depende en gran parte del esfuerzo de  la sociedad en conjunto.

Ana Mendizabal:
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