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Cuando el médico concluye los largos años de su formación se enfrenta a un nuevo reto: establecer y desarrollar su práctica profesional privada. Tal vez se asocie con algunos compañeros y juntos alquilen un consultorio, en ocasiones uno de sus maestros lo invita a colaborar con él. 

Independientemente de las circunstancias, hay algo que probablemente nadie le ha enseñado al joven doctor: al practicar la medicina en el ámbito privado ha dado el primer paso para emprender y debido a la naturaleza humanística de su profesión, se convierte, tal vez sin saberlo, en un “emprendedor social”.

Las características que tiene en común la práctica médica privada con cualquier otro negocio son: el manejo de personal, implementación de sistemas y procesos, atención al cliente (en este caso al paciente) y riesgos y recompensas financieros.

De acuerdo a Michael Gerber en su libro E-Myth Revisited cualquiera que inicia un negocio se convierte en tres personas al mismo tiempo: el emprendedor, el administrador y el técnico y muchas veces entran todos en conflicto.

El emprendedor es aquél que convierte hasta la más trivial condición en una oportunidad excepcional, es el visionario, es quien decide tomar el riesgo para abrir ese consultorio nuevo o asociarse con otros colegas, el médico tiene en común con esta personalidad que le gusta estar en control de la gente y de los eventos que ocurren a su alrededor.

El administrador es la faceta pragmática, sin él no hay planeación, orden ni predictibilidad, le agrada lo estable y organiza lo que ha creado el emprendedor, sin él no hay negocio ni sociedad, sin el emprendedor no hay innovación.

El técnico es quien se encarga de hacer las cosas, quien se guía por la premisa de que “si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo”., él no está interesado en las ideas, le importa el “cómo hacerlo”, lo suyo es resolver el problema y es probablemente la faceta que los médicos tenemos más desarrollada, pues estamos acostumbrados a tratar de resolver los problemas que se nos presentan, rápido y bien.

Lo que hace a un médico exitoso en su práctica privada es balancear las tres personalidades. Cuando sólo el emprendedor está a cargo, hay muchos proyectos y sueños que no se concretan, cuando el administrador toma las riendas sólo le interesa “contar los centavos” y cuando el técnico es el jefe, no hay visión a futuro y la desorganización lo lleva directamente al caos.

Un grave error de los médicos es que somos demasiado técnicos, sólo queremos practicar la medicina sin preocuparnos de los aspectos administrativos y, peor aún, sin ver hacia el futuro como lo hace un emprendedor. Pero aquí la dura realidad es que si sólo nos gusta ver pacientes, dar consulta y operar, somos el técnico y probablemente estaremos mejor siendo empleados de alguien más, tal vez nuestra mejor opción es la medicina institucional.

Si queremos llevar nuestra vida al siguiente nivel hay que voltear a ver al emprendedor y al administrador, congraciarse con ellos, fomentar sus habilidades, darles libertad en su campo de acción y trabajar en equipo . 

Citando a Gerber: “ Debemos decirnos que es tiempo de crear una nueva vida. Es el momento de retar a mi imaginación e iniciar el proceso de darle forma a mi nueva existencia y la mejor forma de hacerlo en este mundo lleno de oportunidades es creando un excitante y nuevo negocio que me de todo lo que necesito y al que la gente regrese debido a la buena experiencia que hayan tenido en él”.

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