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¿Cómo surgió el uso de la ivermectina ante el coronavirus?

A la par del incremento en los casos por COVID-19, aumentaba la necesidad de un método terapéutico capaz de hacerle frente a las cepas del virus. Hablamos del estudio de fármacos y vacunas que pudieran ser prometedores para tratar a los pacientes afectados.

El servicio médico se vio obligado a utilizar la mayoría de los medicamentos diseñados para controlar infecciones, con la finalidad de frenar el daño al organismo provocado por el coronavirus.

Distintos fármacos han sido examinados y utilizados para enfrentar al actual coronavirus, muchos sin efectividad e inclusive empeorando el estado de salud de los pacientes y otros con sorprendente actividad para contrarrestar la infección en pacientes gravemente afectados.

Los fármacos que obtuvieron buenos resultados al tratar pacientes con COVID-19 bajo dosis seguras son los mismos que fueron admitidos por la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) para su uso.

El controversial uso de la ivermectina para tratar la COVID-19

Principalmente, este medicamento fue elaborado como tratamiento contra enfermedades parasitarias, especialmente ante oncocercosis, paludismo (malaria) y helmintiasis, sumado a esto, en diversos estudios clínicos se observó el potente efecto que ejerce contra enfermedades de origen viral.

Está comprobado que la ivermectina es capaz de detener la replicación de la COVID-19 en cultivos celulares en tan solo 48 horas, eliminando todo rastro del virus, sin embargo, no es capaz de ofrecer el mismo resultado ante pacientes infectados por SARS-CoV-2 porque se requieren dosis elevadas del medicamento, mismas que no son permitidas por la FDA para su administración.

La ivermectina se aplica como una sola dosis cada 6 o 12 meses ante alguna de las infecciones parasitarias antes mencionadas, administrando entre 150 a 200 mcg/kg. Ciertos efectos secundarios se asocian a dosis elevadas y al uso prolongado de ivermectina, por lo que se recomienda administrarse bajo las correctas indicaciones. 

Los efectos adversos que pueden producirse en el organismo son el sarpullido, inflamación tanto de extremidades como del rostro, mareos, vómitos, convulsiones, hipotensión (disminución de la presión arterial) y la más grave, daño hepático asociado a medicamentos, sin olvidar las reacciones alérgicas y las contraindicaciones en embarazadas.

¿Existe la probabilidad de que la ivermectina sea un fármaco funcional contra COVID-19?

La respuesta es no, por lo menos hasta ahora. A pesar de su gran actividad como antiviral, la ivermectina en la actualidad no está aprobada para tratar enfermedades de origen viral y mucho menos ante COVID-19.

Este fármaco antiparasitario fue utilizado en un hospital de Florida a manera de ensayo en aproximadamente 170 pacientes que habían sido diagnosticados con SARS-CoV-2, a quienes se les administró 200 mcg/kg por vía oral. 

De acuerdo a lo que evidenció este estudio, la ivermectina ayudó a reducir la mortalidad en los pacientes graves que requirieron ventilación asistida. A su vez, en las personas que manifestaron síntomas leves – moderados de la enfermedad, el uso de ivermectina asociado con doxiciclina permitió la evolución favorable del estado de salud de los pacientes.

Cabe recalcar que, la mayoría de los infectados por la cepa de COVID-19 manifiestan síntomas leves – moderados de la enfermedad, ante este grado de síntomas no es necesaria la utilización de medicamentos para contrarrestar el efecto del virus al menos que el paciente sea parte de la población de riesgo.

Caso contrario en las personas gravemente afectadas por COVID-19, en las que se asocian enfermedades crónico degenerativas. En este tipo de pacientes se reserva el uso de medicamentos para controlar el grado de infección y mejorar su estado general. Entre los padecimientos crónico degenerativos que pueden verse empeorados tras la infección por SARS-CoV-2, se presentan los de origen pulmonar (órgano más frecuentemente afectado) donde los pacientes con fibrosis quística, cáncer pulmonar, asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica deben vigilarse, por otra parte, las enfermedades cardíacas, diabetes y obesidad son de gran importancia debido a la cantidad de personas que las presentan, en particular las últimas dos enfermedades disminuyen el funcionamiento del sistema inmune.

La respuesta de la farmacéutica Merck sobre la ivermectina para el tratamiento de COVID-19

En el artículo publicado recientemente por la farmacéutica Merck, empresa encargada de producir la ivermectina, aclaró que dicho fármaco no cuenta con los lineamientos establecidos por la FDA y tampoco una base científica para su uso en pacientes con COVID-19.

A pesar de los ensayos clínicos hechos hasta el momento, no han dado resultados verídicos y mucho menos fueron utilizados en un número amplio de pacientes; tal como se menciona en dicho artículo, la seguridad y eficacia de la ivermectina no está fundamentada lo suficiente para ofrecerse como un método terapéutico en pacientes infectados por COVID-19.

En adición a lo anterior, no existen estudios sobre la ivermectina aplicada en pacientes con pesos menores a los 15 kg y pacientes geriátricos, representando un riesgo para la salud de cualquier paciente a pesar de los estudios realizados en algunas instituciones médicas.

Terapias recomendadas para combatir pacientes afectados de gravedad por COVID-19

A diferencia de la ivermectina, existen otros fármacos aprobados por parte de la FDA para la resolución de las afecciones ocasionadas por la COVID-19 en los pacientes gravemente afectados y son mencionados a continuación. 

El uso de distintos medicamentos va asociado a la necesidad de mantener la integridad del paciente hasta que pueda aliviarse, como se mencionó previamente en “Molnupiravir: Novedoso antiviral que puede hacerle frente a la COVID-19”, los fármacos utilizados pueden no tener la función antiviral requerida para tratar el SARS-CoV-2, sin embargo, promueven la resistencia del organismo por medio de otros métodos.

Entre estos fármacos disponibles se encuentra la dexametasona, la cual, según un ensayo clínico aleatorizado, brindó excelentes resultados en los pacientes que necesitaban ser asistidos por medio de respiración artificial, teniendo una amplia diferencia sobre aquellos que recibieron una atención médica estándar.

Otra terapia es el plasma de personas convalecientes que ya han generado inmunidad contra la COVID-19, si bien no es una terapia farmacológica, aplicarla durante los primeros tres día del diagnóstico de coronavirus ayuda a reducir en gran medida el grado de afectación en pacientes mayores de 60 años.

Asimismo, el paracetamol es de los medicamentos altamente recomendados, pero su utilidad se limita al tratamiento los síntomas acompañantes de la COVID-19 como fiebre, dolores de cabeza y musculares y no tiene efectos directos sobre el virus.

Antivirales potencialmente viables para su uso ante COVID-19

El molnupiravir es el fármaco antiviral más estudiado debido a la gran respuesta que es capaz de generar para combatir al SARS-CoV-2, sin embargo, la FDA no ha aprobado su uso ante pacientes infectados por COVID-19. 

Por otra parte, el remdesivir es el único medicamento antiviral disponible y aceptado por la FDA para tratar pacientes con coronavirus. Se recomienda utilizarlo en pacientes infectados que requieren la asistencia de tanques de oxígeno mediante la oxigenoterapia, además se puede asociar con la dexametasona con el fin de aumentar la supervivencia del paciente.

Para Grupo PACS y Teleradiología de México es de gran importancia que la comunidad y personal médico conozcan las indicaciones y uso adecuado de los medicamentos avalados por organismos internacionales y autoridades locales para el tratamiento de COVID-19, a fin de evitar la desinformación, haciendo hincapié en que los tratamientos actualmente vigentes no deben poner en riesgo la vida del paciente tal como lo puede hacer la ivermectina. Es fundamental recordar que los métodos de prevención ya establecidos así como la sana distancia son más eficaces que cualquier tratamiento, por lo que deben seguirse implementando en la vida diaria para evitar un mayor número de contagios y por ende de enfermos.

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